Por: Laura Pérez

Fuimos lacónicos, duró más un parpadeo que nuestra historia. Tardó más mi cobardía para acercarme a ti, que lo que pusiste de atención en cómo se dilataban mis pupilas cuando te veía reír.

Fueron más las veces que se aceleró mi corazón con tu presencia que las que mencionaste mi nombre. Te creí a mi alcance, pero estabas más lejos de lo que pensé, o así parecías actuar.

Presiento que te encontré para que me hagas, y te haga ser especial, aunque sea en un cuarto en medio de la ciudad, a luz de un foco incandescente, entre platicas absurdas y risas resonantes.

Sigo esperando que te atrevas a más, a quererme sin complicaciones, para que te quiera igual o de mejor manera, que sean millones de millones de aleteos de mariposas los que nos conformen día a día.

Somos complejos; aristas, vértices y dimensiones nos arman, somos más que huesos, sangres y vísceras, por eso me niego a que nos quedemos en “casi algo”.

Me niego a quedar en lo efímero que se perderá entre millones de historias que se mencionan día a día en alguna cafetería perdida entre las calles de la ciudad, contada por alguien que no tiene ni la más mínima idea de lo que es tener una estrella entre las manos.

Estamos avezados para hacer agua ardiente, agua fuego, agua corazón aun con quemaduras, roces, raspones y roturas en todo lo que hacemos.

¿Teníamos que ser nosotros? Dos constelaciones perdidas, las más brillantes que cualquier ser divino creó, y presumir ante todos los demás tan divinas constelaciones, que al fusionarse no tienen nada que envidiar a sagitario o Capricornio.

Si algún celestial nos desterró de nuestro lugar en la gloria, entendería porque nos mandó a ser humanos, eyaculados en el óvulo cósmico con más belleza entre lo miserable.

Quiero pensar que fue al azar, un entre miles de billones. Nos mandaron a ser personas sobre la canica galáctica a la que llamamos hogar. Esto nos hizo breves, delicadas, torpes e ignorancia ante lo que tenemos enfrente, ya sea vida o amor.

Aun las estrellas ruegan vernos pasar, para que siendo fugaces nos pidan sus más profundos deseos. A pesar de todo, si me preguntaran que prefiero en la próxima vida, pediría ser humano. Para ver si te vuelvo a encontrar, con la esperanza de que seamos más valientes, más aguerridos a los deseos que pide el corazón y niega la mente.

Espero que no te quedes con los brazos cruzados y entiendas que, un choque de dos partes del universo, de los cosmos, es exiguo.

 

Foto de portada: Laura Pérez