Por: Valeria Orihuela
El pasado jueves 12 de marzo se llevó a cabo en la Cineteca Nacional de Chapultepec la premiere de la nueva serie de Prime Video Sabores de Libertad, dirigida y producida por Simón Bross, Enrique Ramírez Santillán, Rubén Bross, Alejandro Cervantes P. y Pedro Armendáriz Jr., en colaboración con CERES (Consejo Empresarial para la Reinserción Social).
Sinopsis
Sabores de Libertad es una serie documental de seis episodios, situada en la Ciudad de México, en la que vemos a personas privadas de la libertad cocinar y recrear platillos llenos de recuerdos y momentos significativos de su vida. Todo esto mediante el acompañamiento de seis chefs galardonados, como lo son Linda Cherem, César de la Parra, Josefina Santacruz, Poncho Cadena, Aquiles Chávez y Mariano Sandoval, quienes, además de guiar la preparación de cada platillo, cumplen el papel de mentores al generar un espacio de entrevista que le da dirección a esta serie y nos ayuda a comprender mejor cada historia. Cada capítulo sigue a un personaje y a un chef diferente que, de la mano, van desafiando el estigma y los prejuicios que existen sobre la reinserción social y muestran cómo la cocina puede crear nuevas oportunidades de reinserción laboral, ya que, para ellos, el verdadero cambio está en el corazón de quienes buscan empezar de nuevo.
Crítica
Tomando en cuenta únicamente los dos primeros episodios proyectados durante la premiere, valdría la pena ver esta serie, ya que sin duda genera un espacio de reflexión sobre los prejuicios y sesgos que, como sociedad, hemos adoptado en torno a las personas privadas de la libertad. También promueve la dignificación y visibiliza la deshumanización que existe desde el proceso penal hasta la reinserción social que viven estas personas.
Hablando técnicamente, todas las tomas y encuadres enriquecen la complicidad y cercanía que se busca lograr al ser una serie con formato documental. La tonalidad entre grises y azules de los momentos más relevantes de la serie funciona a la perfección y se convierte en un punto clave dentro del ambiente y la narrativa.
Por otro lado, algo que desconcierta es la falta de claridad en cuanto al objetivo de la serie y un par de inconsistencias, pues, aunque es claro que el proceso para entrar a centros penitenciarios es muy complejo y requiere de mucho apoyo gubernamental, bastaba con agradecer la participación del Gobierno de la Ciudad de México en la producción. No obstante, parte de los agradecimientos finales en cada episodio mencionan nombres de más de un político influyente en nuestro país, tal como es el caso de la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada.Esto resulta en confusión, pues, al ser una producción sin fines de lucro, no debería existir esta politización, que inevitablemente conduce al espectador a entender un propósito evidente que va más allá de solo brindar un espacio de visibilidad para las personas privadas de la libertad.
Asimismo, Sabores de Libertad pretende proporcionar una verdadera oportunidad de reinserción laboral mediante la cocina; sin embargo, en ningún momento de los dos primeros capítulos se ve reflejado ese propósito.
Por último, otro aspecto relevante es la forma en la que se intenta romantizar la vida dentro de los centros penitenciarios, empezando por el lugar principal en el que cobra vida la serie: la cocina, que es montada. Un documental debería reflejar la realidad y, al montar una cocina moderna y equipada, totalmente alterna a cómo son realmente dentro de estos lugares, se lanza una idea completamente falsa y se muestra únicamente una realidad maquillada. Esto no solo es contradictorio con todo lo que la serie promueve, sino que también podría interpretarse como una falta de respeto hacia las personas o familiares de quienes viven la realidad de una prisión.
