Por: Diana Acosta
Este jueves 30 de noviembre llega a las salas de cine “Papá o Mamá”, una divertida comedia mexicana dirigida por Ernesto Contreras y adaptada de su versión original francesa “Papa ou maman” (2015). Protagonizada por talentos como Silvia Navarro y Mauricio Ochmann; acompañados de Aranda Sokol, Axel Madrazo y Erick Terroba; y con la participación especial de Bárbara López, Christian Chávez, Mauricio Barrientos El Diablito, Giselle Kuri, Verónica Toussaint y Nora Velázquez.
Sinopsis
Florencia (Silvia Navarro) y Vicente (Mauricio Ochmann) son un matrimonio perfecto. Un par de triunfadores que siempre han hecho cualquier cosa para ser exitosos en sus puestos de trabajo, además de ser los mejores padres. Es por esto que, también han decidido tener el divorcio perfecto. Al recibir una gran oferta de trabajo, Florencia y Vicente deben decidir quién se va a quedar con los niños, lo que provoca que sus vidas se transformen en una pesadilla. Los dos serán capaces de hacer cualquier cosa con tal de NO conseguir la custodia de sus hijos, quienes al ver a sus papás en guerra también harán todo lo posible por sobrevivir a esta familia. Es la guerra y no hay tregua.
Crítica
Llegué a la sala con muy pocas expectativas y listísima para darle la roasteada de la vida a esta cinta, y me disculpo sinceramente por ello. Es una película buena, no en el sentido de “Bastardos sin gloria” buena, o en el sentido de “Hot Fuzz” buena, porque es buena por sí misma y a su manera. Si vamos al cine esperando ver lo bueno de otras películas, ¿para qué ir?, mejor vemos las que ya nos gustan. “Papá o Mamá” es chistosa, da cringe en algunos puntos, pero eso solo suma a su encanto. Si tuviera que resumirla, en una palabra, sería cotorra. Puedes ir a verla tranquilamente un fin de semana, dejar tus preocupaciones de lado por cien minutos y solo disfrutar de ver los líos en los que se meten dos papás que no se quieren quedar con sus hijos (te prometo que suena peor de lo que en realidad es).
La química entre los miembros de la familia es buenísima. Comenzando por los hijos, (excluyendo algunos diálogos que se sienten ligeramente escritos por alguien que dejó de ser adolescente hace algunas décadas) su relación es genuina y fresca. Son hermanos y se quieren, se preocupan el uno por el otro y se apoyan entre ellos, especialmente cuando se enteran de que sus papás se van a divorciar. Igual, agradezco en sobremanera que les dieran sus correspondientes personalidades y no fueran solo herramientas para avanzar la historia. En cuanto a los papás, verdaderamente pasé toda la película rogando a Deus ex machina que hiciera de las suyas para que Florencia y Vicente no se divorciaran. Su relación es muy chistosa y hace mofa de la imagen de la pareja perfecta, pues aunque tratan de aparentarlo, están bastante lejos de serlo.
Peca de blanquitud, eso sí. Y a veces un poquito de privilegio; como universitaria que soy, cuando Florencia rompió la computadora de Vicente, algo también se rompió dentro de mí. No te preocupes, no es spoiler, eso sucede en la primera escena. Aunque si querías ir a verla y disfrutar cada segundo, supongo que ya te arruiné los primeros treinta.
Algo que definitivamente me dejó con un mal sabor de boca fue lo lejos que llegaron los papás en su odisea por no quedarse con sus hijos. Para una pareja que toda la película se jacta de ser unos papás modernos, cool y buena onda (sus palabras, no las mías), pareció muy fácil olvidar que sus hijos también son personas con sentimientos. Pero se los perdono porque quiero mucho a Silvia Navarro.
Al final, a pesar de tener el típico mensaje de “la familia es primero”, lo aborda de una manera distinta: nuestros papás no deberían renunciar a sus sueños y metas por nosotros, pero está mal que nos vean como una carga en sus vidas. Somos una familia y somos un equipo. Y un divorcio no es el fin del mundo; ni papá ni mamá tienen que ser los villanos y, en el caso de “Papá o Mamá”, además de la ocasional violencia intrafamiliar, el verdadero villano es Kasparov.






Foto de portada: Cortesía Videocine
